El primer día que lo vi, fue en ese paraíso infernal del que nunca me voy a olvidar, en la temporada de vacaciones. La arena chocaba suavemente contra mi piel, mientras que en la de él se adhería como harina en agua.
Lo primero que me atrajo de él, fue su mirada que se enlazó con la mía, pero todo parecía normal, cotidiano, como cuando vas caminando por la calle y te cruzas con un chico re lindo, pero lamentablemente no fue así.
Ahí empezó la causa de mis sueños despiertos, de mis ideas alocadas, de mis ideas positivas, la exaltación de todos mis sentidos. Él era especial, en él me fui a fijar profundamente, él era mi historia, mi historia de un amor de verano.
A todas partes que iba, el estaba por casualidad, en cada conversación lo convocaban, en cada programa lo nombraban, en cada escritura lo hallaba. Lo más raro de todo esto, es que no lo conocía del todo, era un conocido pero algo hacia que yo sienta que no era solo un conocido sino un conocido especial, del cual me sentía plenamente atraída.
Fue así, que luego de pasar un par de días viéndonos, conociéndonos, simpatizándonos, como toda historia tiene su final, pero más que final yo prefiero decirle comienzo.
Gracias a él, supe lo que es extrañar, gracias a él supe lo que es el amor a primera vista y a creer en eso, gracias a él supe lo que es querer y no tener, gracias a él supe valorar lo que ya no tenes, gracias a él tuve las mejores vacaciones de toda mi vida, gracias a él hoy puedo decir realmente lo que es extrañar a alguien cuando se va muy lejos.


